Neuromarketing: el poder del chocolate

Neuromarketing y chocolate. ¿Qué tienen en común? En clave publicitaria y comercial, mucho más de lo que se piensa. En este post nos adentraremos en esta apasionante relación.

El chocolate es uno de los alimentos que más se consumen a nivel mundial. Por ello, ayer día 13 de septiembre se celebró su día internacional. El origen de esta fiesta se remonta a mediados de la década de los noventa. Francia homenajeaba así a Roal Dahl, autor del célebre libro Charlie y la fábrica de chocolate. En algunos países, el Día del Chocolate se celebra el 7 de julio, fiesta conocida, también, como el Día Internacional del Cacao.

¿En qué consiste el neuromarketing?

Es la aplicación de diversas técnicas del campo científico de la neurociencia al territorio del marketing. La neurociencia es una disciplina que estudia cómo funciona el sistema nervioso y su relación con funciones superiores, como la memoria, las emociones o la atención. El neuromarketing tiene por objetivo conocer y entender, de manera específica, los niveles de atención que muestra una persona a estímulos variados. Así se trata de comprender el comportamiento humano desde su actividad neuronal.

Estas técnicas se aplican en marketing para averiguar a qué estímulos las personas prestan más atención e influyen de manera directa en su comportamiento. La información que aporta el neuromarketing sirve para estudiar, entender y predecir comportamientos y reacciones del consumidor a estímulos publicitarios para tomar decisiones en base a ello. Los resultados que se obtienen de estos estudios se aplican más tarde en la publicidad impresa o digital, en la televisión, diseños de packaging o visual merchandising.

Neuromarketing y el chocolate

Neuromarketing y chocolate

Si existe un producto que se adquiere por puro estímulo es, sin duda, el chocolate. Su principal ingrediente, el cacao, es capaz de modificar el estado emocional y neuronal del consumidor. La ingesta de flavonoides del cacao estimula la serotonina y la dopamina, lo cual puede llegar a crear un estado de placer temporal.

Además, también nos proporciona exorfina, un analgésico que mitiga el dolor. Y teobromina, un componente similar a la cafeína que es una buena dosis de energía. De ahí que el chocolate siempre ha estado entre los primeros alimentos del ranking de dependencia: el consumidor que se declara adicto a este necesita de su consumo para lograr una sensación de bienestar. Quizá por eso, entre los antiguos aztecas, era considerado un alimento venido de los dioses.

Este es el beneficio que más se destaca del producto en campañas publicitarias: “placer adulto”, “placer prohibido”, etc. La publicidad cambió desde hace unos años su estrategia respecto a este producto a raíz de ciertos estudios sobre el producto. Hasta entonces, se consideraba un alimento para niños, pero los expertos en marketing se dieron cuenta del potencial para público adulto.

Las agencias publicitarias enfocaron sus campañas hacia un público que elegía el chocolate como un producto básico del frigorífico. Apelaban a ese disfrute personal y placentero, pero también a los beneficios para la salud que ofrece su consumo moderado. La versión negra, con un mínimo porcentaje de azúcar, reduce el colesterol. Es saciante por su alto contenido en fibra. Gracias a la serotonina que contiene el cacao, ayuda a aliviar el estrés y es un antidepresivo natural. Se trata de argumentos poderosos que influyen en el acto de compra.

Sin embargo, diversos estudios aseguran que la producción mundial de cacao comienza a reducirse. Si no se recolecta la materia prima del chocolate, su producción descenderá. En unos veinte o treinta años, se convertirá en un artículo de lujo al alcance de muy pocos.


¿Cómo se comercializará entonces? ¿Cuáles serán entonces las estrategias para publicitarlo? ¿Lo debatimos en los comentarios?


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